VALERIA!!!
22-nov-2007, 08:58
Sin quererlo, ese día me vestí de luto, negra hasta la pantaleta. Quién iba a pensar que de algo me serviría, que en la noche regresaría a los cerros que pensé estaba olvidando. Quién iba a decir que, antes de que pudiera verlo y abrazarlo, él iba a morir.
Esa noche no vi las estrellas, nada alumbraba mi mente, los recuerdos estaba apagados, sólo pensaba en nada –ahora sé que puedo pensar en nada-.
Lagunas, cerros, tierra seca y un camino interminable. Murió el padre de la mujer que me dio la vida, murió la esperanza de la hija que me persigna en las noches, se fueron los planes de visitar al abuelo, murió hasta la noche que de fría, parecía que venía del más allá.
Viernes en la noche, santo como mi abuela devota que se desvive en rezos y fe; santo para Socorro que murió y está en la gloria, viernes santo, todos muertos.
En la chirris, como se conocía la tienda de los viejos, había luces en el amanecer, llanto agrio en su cama y duelo en el ambiente. La familia entera se reunió, hasta los que por rencillas se desconocían en la calle, todos, hijos, nietos, sobrinos, esposa, nueras, yernos, todos ahí presentes.
La chirris, en medio de milpas, hectáreas vírgenes y cerdos, no gritaba ni brillaba como en el pueblo, donde la fiesta, como olla expres, estaba a punto de estallar.
El jolgorio estaba listo, la algarabía aún guardada, ya le andaba por salir del pecho.
Luces, colores, como con Pedro Páramo, las campanas retumbaban opacando los alaridos y el llanto. Ya iniciaba el festejo, se confundían las lágrimas de alegría con aquellas que emanaban del alma, heladas.
Dos féretros frente a la iglesia, dos familias vestidos de luto, sufriendo cada uno por el acaecido. Eso pasa en los ranchos -tal vez en todos lados- los muertos en una noche son muchos, pero, que se postren dos familias con dos difuntos en un solo recinto, disputando cada uno el respeto que le merece su víctima, peleando el espacio que es de su pariente frente al altar, sintiendo odio y dolor al mismo tiempo, eso sólo lo he visto una vez; el viernes, santo por la pureza de la muerte y la gloria de su exilio, santo en donde algunos estaban matando cualquier indicio de fe y esperanza.
Esa noche no vi las estrellas, nada alumbraba mi mente, los recuerdos estaba apagados, sólo pensaba en nada –ahora sé que puedo pensar en nada-.
Lagunas, cerros, tierra seca y un camino interminable. Murió el padre de la mujer que me dio la vida, murió la esperanza de la hija que me persigna en las noches, se fueron los planes de visitar al abuelo, murió hasta la noche que de fría, parecía que venía del más allá.
Viernes en la noche, santo como mi abuela devota que se desvive en rezos y fe; santo para Socorro que murió y está en la gloria, viernes santo, todos muertos.
En la chirris, como se conocía la tienda de los viejos, había luces en el amanecer, llanto agrio en su cama y duelo en el ambiente. La familia entera se reunió, hasta los que por rencillas se desconocían en la calle, todos, hijos, nietos, sobrinos, esposa, nueras, yernos, todos ahí presentes.
La chirris, en medio de milpas, hectáreas vírgenes y cerdos, no gritaba ni brillaba como en el pueblo, donde la fiesta, como olla expres, estaba a punto de estallar.
El jolgorio estaba listo, la algarabía aún guardada, ya le andaba por salir del pecho.
Luces, colores, como con Pedro Páramo, las campanas retumbaban opacando los alaridos y el llanto. Ya iniciaba el festejo, se confundían las lágrimas de alegría con aquellas que emanaban del alma, heladas.
Dos féretros frente a la iglesia, dos familias vestidos de luto, sufriendo cada uno por el acaecido. Eso pasa en los ranchos -tal vez en todos lados- los muertos en una noche son muchos, pero, que se postren dos familias con dos difuntos en un solo recinto, disputando cada uno el respeto que le merece su víctima, peleando el espacio que es de su pariente frente al altar, sintiendo odio y dolor al mismo tiempo, eso sólo lo he visto una vez; el viernes, santo por la pureza de la muerte y la gloria de su exilio, santo en donde algunos estaban matando cualquier indicio de fe y esperanza.